Aburrido como un perro



Quiero comenzar este post afirmando que ABSOLUTAMENTE no tengo ninguna idea sobre el tema que trataré, es más, no trataré de nada, todos los temas me llevan compulsivamente a renegar y sólo y exclusivamente a eso, renegar.
Me despierto a las 11 de la mañana porque algún imbécil creyó que podía taladrar la acera justo en la puerta de mi habitación - ¡Jódete cabrón!- pensé (creo que lo dije, no lo sé) me levanté con cara de borracho sin amor y decidí ir por el periódico que estaba sobre el refrigerador (a alguien se le ocurre colocarlo ahí) lo tomo y me voy hacia el baño, en el camino pido una taza de café con mi ya estudiada y bien acostumbrada cortesía, nunca está de más un “Vieja, sírveme un café, déjamelo en la mesa, gracias”. Ése “gracias” es prioritario porque si no lo dices podrías sufrir la desdicha que después de cagar y haberte soplado en el baño todas las noticias y la vedette desnuda del diario te encuentres con la ingrata y desgraciada conmoción de NO  ver tu taza de café. Ya en el baño tomo mi trono y mando en mi mundo.
Al leer las noticias veo la HIPOCRESÍA de todos, el disimulo, la palmadita sobona en la espalda pagando quizá algún favor futuro con su silencio. Que Conga no va, que Conga sí va, que por un miembro corrupto (delincuente) no se puede juzgar a la DIGNÍSIMA Policía Nacional (PN) cuando TODOS LOS POLICÍAS SON DELINCUENTES, el policía honrado, ése es el individuo aislado, el lunar, la oveja negra, el grano en el culo.
Mueren policías en el Vrae a manos de Terroristas o Narcoterroristas, Que el padre del joven policía fue sin armas y sin custodia policial a rescatar a su hijo y encontrarlo muerto, que desde que tengo uso de razón siempre veo en la TV a algún IMBÉCIL HIJO DE PUTA diciendo: “Estamos diseñando un plan contra terrorista” ¿Tantos años diseñan su plan estos impresentables?
Bueno, tomando un poco de aire me volveré menos colérico y aburrido, porque siempre la política y temas de uso cotidiano aburren, salvo que sea alguna noticia sobre moda o tendencias de temporada, pero si yo sólo veo desfiles de moda en la tele por ver el trasero de las modelos, la verdad me importa un carajo qué ropa lleven, yo las prefiero sin ropa, peladitas, palpables, masticables, caminando como si Oscar de la Renta las estuviera consagrando hasta el fin de sus anoréxicas vidas.
No tengo idea de lo que quiero escribir, todo se me vuelve irónico, ridículo, estúpido (como bailar salsa) se me transforma ceviche de un sol cincuenta, mañana leeré el diario, ojalá que traiga fotos de más bataclanas, no me hacen feliz pero… por lo menos están enteras, fuera del congreso, sin haber atropellado a nadie y por sobre todo; mostrándose como lo que son: Unas reales putas.

GUSTAVO CERATI





















































Ha pasado ya buen tiempo desde que Gustavo Cerati iniciara un sueño del que nadie sabe si volverá. Y si vuelve, no será tal como era antes del grave accidente cerebro - vascular que lo postrara tras un concierto en Venezuela. su carrera, desde los tiempos de Soda Stereo, es una de las más sorprendentes e innovadoras de la música hispanoamericana y él, una de sus personalidades más influyentes. Aún hoy, muchos esperansu recuperación, para decirle que no hay nada más dulce que el deseo en cadenas, pues apelan a la fuerza natural de quien alguna vez dijo: "En el rock, como en la vida, es mejor durar que arder".




Tiene los ojos cerrados y su respiración es lenta. Su cuerpo está profundamente relajado mientras su mente se agita a velocidades incalculables. El tiempo sigue sucediéndose en el mundo, pero no para él. Ya ha hecho efecto el Ayahuasca, conduciéndolo a la misteriosa experiencia de un viaje astral. Imágenes cósmicas y sensaciones sin ley de gravedad son la silenciosa música que lo acompaña. Es Gustavo Cerati explorando a Gustavo Cerati, empezando un viaje que hoy quizás, se siente preparado para continuar...


Fue hace más de 15 años, en México, cuando el ex líder de Soda Stereo empezó a explorarse a sí mismo más allá de los escenarios y la fama. Más allá de su familia y sus amigos, incluso. Guiado por un chamán, decidió buscar inspiración en una dimensión sensorial alejada de todo y de todos, consumiendo milenarios alucinógenos naturales (prueba de aquella experiencia es Planta, canción del disco Sueño Stereo ). Porque Cerati es, antes que músico, un inconformista que mezclaba sonidos vanguardistas con paisajes musicales oníricos; un inconformista que no podía quedarse quieto, ni de cuerpo ni de mente; uno que, en este mismo momento, desearía desconectarse de las máquinas que lo mantienen vivo, tomar la guitarra y volver al escenario parainterpretar una canción sin fin, una canción animal. Aunque eso es imposible.



Los partes médicos publicados en la web del cantante, apenas un mes después de la descompensación y posterior accidente cerebro vascular que lo dejara en coma en Venezuela aseguraban que “…los exámenes neurológicos practicados con el fin de observar respuesta a estímulos sensitivos y motores no han mostrado, hasta el momento, evolución favorable alguna.”, agregando a esto que presenta un grave daño cerebral. Incluso, tras la operación a la que fue sometido días antes de eso, uno de los médicos dijo que Cerati “no volvería a ser el mismo”. Desde entonces, permanece en coma, aunque ahora se encuentre en la clínica ALCLA de Buenos Aires. A un año de aquello, se puede constatar en su web oficial y en su Facebook y Twitter que no hay partes médicos desde febrero. En aquel momento, una neumonía obligó a trasladarlo al sanatorio de Los Arcos. Tras unos días, Cerati volvió a la lamentable condición de genio durmiente que tiene en vilo a sus amigos, familiares y fans. No es raro, entonces, que los miles de seguidores del cantante se pregunten, desde distintos confines del planeta, si lo verán volver a esa ciudad de la furia que no es otra que cualquier ciudad sin su música.

Estoy sentado en un cráter desierto, sigo aguardando el temblor, en mi cuerpo…



Esos raros peinados viejos

Si el inconformismo es la cualidad que lo define, podríamos decir que la evolución es su única acción constante. Desde aquel instante de inicios de los 80 en que Charly Alberti invitara a salir a Laura Cerati, hermana menor de Gustavo, y tanto éste como Zeta Bosio supieran que Charly era baterista y lo reclutaran antes de que lo reclutara Laura, a la imagen actual de esa misma hermana menor dando algunos de los partes oficiales sobre la salud del cantante, han pasado no solo años, sino todo tipo de transformaciones, riñas, éxitos, celebraciones, conciertos, discos, hijos y sueños realizados y musicalizables. Tras acabar la secundaria y llevar algún tiempo trabajando como visitador médico, hacer su servicio militar obligatorio, pegarse oyendo a Bowie, The Police, Queen y Deep Purple, ingresar a la universidad y formar una banda llamada “Proyecto Erekto”, junto a Zeta y a un entonces adolescente Andrés Calamaro, Cerati encendió uno de los miles de cigarrillos que hizo ceniza donde fuego aún quedaba, pensó y decidió a qué se iba a dedicar en la vida. Entonces, en 1982, en medio de un emergente circuito de rock argentino, que incluía a bandas como Los abuelos de la nada, Virus y Sumo, nace Soda Stereo y todo sucede como ya está escrito en la historia del rock: conocen a Federico Moura, el fallecido líder de Virus y él produce el primer álbum de la banda: “Soda Stereo”. En Dietético, su primer video promocional, ya se flameaba la bandera que movería al grupo en sus primeros años: “Somos un conjunto dietético/ Buscando el paraíso estético”. Temas como Te hacen falta vitaminas, Sobredosis de TV y ¿Por qué no puedo ser del jet set?, lo dejaron claro. Para entender cabalmente este período inicial es necesario saber que Soda Stereo aparece paralelamente al regreso de la democracia en la Argentina, tras años de incruenta dictadura. Lo único que querían hacer entonces los chicos era bailar y Cerati, Zeta y Charly estaban ahí para hacerlo con ellos.
Porque el régimen se acabó, se acabó…



Cuando pase el temblor

Desde los tiempos en que sus estrambóticos peinados se combinaban con canciones fácilmente tarareables y radiables, hasta los días en que eran más notorias las exploraciones sonoras y líricas que enriquecieron notablemente su estilo, pasaron 6 álbumes más de estudio: Nada personal (1985), Signos (1986), Doble vida (1988), Canción animal (1990), Dynamo (1992) y Sueño Stereo (1995). A pesar de que le siguieron algunos recopilatorios y el “semi unplugged” Confort y música para volar (1996), las giras internacionales, el cansancio posterior al éxito, su genio desbordante y algunos desacuerdos con los integrantes de la banda, precipitaron el final de Soda y el inicio del capítulo de Cerati como solista. Colores santos (1992), grabado a dúo con Daniel Melero y Amor Amarillo (1993), su primer disco en solitario, marcaron el inicio de otra carrera, la del inconformista en permanente evolución. Gustavo Cerati ya no era un músico, era un inventor de atmósferas. Bocanada (1999), 11 episodios sinfónicos (2001), Siempre es hoy (2002), Ahí vamos (2006) y Fuerza natural (2009) han sido la muestra más evidente de un talento en ebullición constante. Y, hasta el 15 de mayo del año pasado, el fatídico día en que su salud se quebró, el artista de 51 años mantenía la vitalidad original, demostrando que no le hacían falta vitaminas, aunque ya formara parte del jet set. En una de sus últimas entrevistas, antes de salir de gira con su no digamos último, sino más reciente disco, “Fuerza natural”, hizo una confesión: “Adoro tocar en giras, más que nada porque ya sé manejar los lapsos. No me voy más de un mes, porque sé que ése es mi límite, no suelo aguantar más que eso; así que voy y vuelvo”. “Así que voy y vuelvo”, dijo, y aunque haya pasado ya no un mes, sino un año, es una bocanada de esperanza para sus miles de fanáticos.

Tiene los ojos cerrados y su respiración es lenta. Su cuerpo está profundamente relajado mientras su mente se agita a velocidades incalculables. Alguien me ha dicho que la soledad se esconde tras tus ojos…



Un No epílogo

“Estamos esperando las buenas noticias, el milagro” dijo hace pocos días Zeta Bosio, el Soda más cercano a Gustavo Cerati desde que se iniciara este episodio triste. “A veces yo le saludo y me agarra fuerte la mano”, aseguró por su parte Lillian Clark, la madre del cantante, hace poco más de 20 días. Y ese sentir se identifica con lo que los fanáticos del artista en suspenso vital han dejado claro a través de las redes sociales, a pesar de que las oraciones y muestras de solidaridad se hayan confundido con bluffs como el de Christian Castro – que aseguró haberlo visitado, aunque la familia lo desmintió- o el del músico Pity Álvarez, quien hace unos meses dijo “saber” que Cerati había muerto. Nada inmuta la esperanza. A cambio están León Gieco, Luis Alberto Spinetta, Fito Páez o Ricardo Mollo, visitándolo, y un Bono que, en pleno concierto de U2 en Buenos Aires, pidió al público que no se olvide de él.

“Luego de finalizar anoche el último show de este tramo de la gira en Caracas, Gustavo sufrió una descompensación. Debido a que la noticia ha trascendido, informamos que se está recuperando favorablemente”, fue lo primero que se publicó en su web, al día siguiente del incidente, el 16 de mayo del 2010. Eso quisiéramos muchos leer mañana mismo, con un “Te vimos volver”, de titular. Después de todo ¿No es el cerebro lo más fuerte que tiene un genio?

“Desperté, desperté, con los pies helados, ¿Dónde estás?, ¿Qué pasó anoche? No recuerdo bien.”

Lima, la espantosa.
























Eso de "horrible", que vino del poeta César Moro y pasó por Sebastián Salazar Bondy, ya no basta. La espantosa Lima ha sido secuestrada por una mafia de asfalto que cree que las pistas son morgues, los semáforos guiños y la gente ganado.

El datero bosteza por tercera vez bajo la luz roja del semáforo. Una combi frena con las justas. "Habla, hay carrera, se va con dos, lleva tres"*, se acerca y le habla al chofer de la combi. Éste le responde con una moneda de diez céntavos. El datero es un chato de manos sucias. Es el que marca el tiempo: le dice al chofer cuántos minutos tiene para alcanzar a la combi anterior. La luz ha cambiado a verde. El chofer de la combi (las manos también sucias), vira a la izquierda, le cierra el paso a una station wagon, hace una maniobra a la derecha y se va como llegó: hincando el botón del claxon hasta el fondo, llenando la calle de un ruido insoportable mientras sus pasajeros tienen que aguantar la radio a todo volumen.
De una de las combis que hacen cola en el paradero, baja un muchachote y anuncia: "habla, La Marina, Pershing, ¿vas?". Es un cobrador de combi. En suelo firme, su trabajo consiste en ganarle los pasajeros a la competencia. Quitárselos como sea. No importa que la combi se cuadre en medio de la pista. Siempre habrá un cobrador que la cruce, se cuele entre los micros y atrape a un incauto. Los podríamos clasificar así: los hay mitómanos, que son los que le juran a la gente que la combi está vacía, cuando hay una docena de pasajeros a bordo; los hay histriónicos: dan un porrazo a la puerta, bajan, corren, saltan hasta la otra esquina gritando su ruta; los hay voyeristas, que se rompen el ojo mirando los jeans apretados que bajan y las minifaldas que suben.

Uno de los cobradores abre la puerta de una combi destartalada. Se planta de cara al paradero. Una oficinista sube y ocupa un asiento delantero. Se sienta sobre una frazada doblada que hace de asiento. "Pie derecho, pisa...", dice el cobrador. La combi sale disparada. Un mensaje pegado en la guantera dice: "cuide su vida: use el cinturón de seguridad, carajo". Con la misma amavilidad el cobrador pide el pasaje: "A ver amiga, pasaje. Pasaje adelante".

Desde adentro se lee al revés, pegado en el parabrisas: "El vengador". La frase, además, trata de ocultar una rotura en la luna. Creatividad pura.

En la cabina del chofer, debajo del tablero de control, hay matas de cables sueltos unidos con cinta aislante. Metros de ellos camuflados entre rejillas de un aire acondicionado que, obviamente no funciona. Una capa de polvo negro lo cubre todo: el panal delantero, el timón, el espejo retrovisor, los asientos, el techo, el piso metálico que parece de hojalata, el botiquín de primeros auxilios seguramente vacío y hasta - sospecho - la tarjeta de propiedad del conductor. Sujeto al parabrisas hay un ventilador de mano lleno de telarañas. Todo parece traido directamente del cementerio de combis, al igual que el chofer: un hombre flaco, doblado en tres, al que se le empieza a notar una joroba. Dice que es su cuarta vuelta del día. El día para él empieza a las 7 p.m. y termina a las 10 de la mañana.

Muchas combis parecen a medio hacer, prematuramente entregadas: es exhibe el esuqeleto de la carrocería. En ocasiones, hay agujeros donde debería ir un pasamano unido al seguro de la puerta. Hay otras que parecen traidas directamente de la chatarrería: el techo es una lámina metálica forrada con triplay, los asientos están parchados, en algunos brota la espuma sucia del relleno. Algunas veces, las lunas rotas son reemplazadas con piezas de plástico. El pasajero puede aprovechar esta carencia: en verano, para airearse; en las mañanas, como secador de cabello.

Volvamos al volante de El Vengador. En una de sus puertas está pegada (con sorna) "La oración del combista": "Dame una mano firme y un ojo alerta, para que nadie sea herido a mi paso. Para que pueda continuar mi camino con alegría", reza.
Mientras tanto el conductor - los ojos clavados en el espejo retrovisor - espera la luz verde. Ha invadido medio metro el crucero peatonal. Retrocede y besa el parachoques de la combi de atrás. Cambia la luz. "Hasta el fondo chino, atrás viene la rata", le dice el cobrador. Se refiere a la combi que le hace competencia. Ahora dobla el timón a la izquierda, se pasa al otro carril y pone un CD de cumbia, todo al mismo tiempo. Los pasajeros de adelante no le dicen nada. Atrás, tampoco la están pasando bien.



















"A ver, acomódese, acomódese. Tenga la bondad. Arrímese. Al fondo entran cinco", dice el cobrador que quiere embutir la gente, llenar la combi hasta que no quepa ni él mismo. Hasta que reviente. Medio cuerpo afuera, llama más pasajeros: "A ver, Sucre, baja, baja. Sube rápido tía, tamos en competencia...". Uno, dos, tres, cuatro nuevos pasajeros han subido. La necesidad los hace viajar parados. Uno de ellos se ha golpeado la cabeza con el marco de la puerta.
En el aprieto, nadie sabe qué mano es de quién, o la pierna de quién roza a quién, o de quién es el trasero que está, casi, sobre la cara del que va sentado. Esos cuatro temerarios que han subido tienen que agacharse porque la altura del micro no les permite otra cosa. Hay veinticinco personas en la combi cuando sólo debían entrar catorce. Las ventanas están cerradas. Un olor rancio, olor a piel humana, a pelos, a sobaco, llena el ambiente. No hay lugar donde se esté más cerca del prójimo que en una combi.
"Protege a todos los que están conmigo (...)", sigue rezando la oración del combista. Los asientos son tan bajos como sillas de jardín de niños. Es la experiencia de una lata de sardinas.
Una mujer gorda intenta depositar su sobrepeso entre la hilera de asientos. No puede avanzar más. El cobrador le dice: "Avanza pe' tía, tienes espacio atrás...". Casi sobre ella, un hombre de lentes y chalina se arquea más. Con una mano se sostiene del respaldar de un asiento. Con la otra, intenta pagar su pasaje. "Gamarra, sol cincuenta primo. Paga completo pe'", le dice el cobrador, que parece cubierto de hollín. Hace sonar las monedas.El pasajero, se niega a pagar el saldo. El cobrador le dice: "Conchudo eres, 'tonces toma otro carro pe', no hagas problema".
La combi frena bruscamente. Todo se mueve y suena adentro: los vidrios, el chasis viejo, los asientos, los ánimos. Por fin, la gente le grita al chofer: "Maneja bien, pues. No somos ganado, estás llevando gente". Incluso reclaman los que van parados. El chofer casi se lleva de encuentro a un tico que se ha cuadrado en medio de la pista a recoger un pasajero. Continúa la oración del combista: "Enséñame cómo debo guiar el coche para proteger a los otros y no permitir, que por correr, olvide la belleza de tu mundo. Amén". Al costado de este texto de otro mundo está la Vírgen de la Puerta.






















Es tarde, siete se la noche, hora punta en la avenida Tacna. Una chica va sentada en la primera fila de una couster y tiene frente a ella a un desconocido rozándole las rodillas. Asu lado junto a la ventana, un flaco, doblado en dos, las rodillas casi pegadas al pecho, intenta leer. Se aferra a la única bombilla de luz amarilla que alumbra el pasadizo del carro. Eso hasta que se empieza a llenar.
"Las feas pagan doble", "Sólo peladitas", "Respete los paraderos", se mofan los letreros que brillan en el interior. Sólo ellos tienen buen humor. "Todo Tacna, Próceres, San Juan... A ver, a ver, apéguese más...", refunfuña el cobrador. El espectáculo es el mismo: jebes colgando de las ventanas, bollos de papel higiénico que rellenan los agujeros interiores, la carrocería a punto de desvanecerse. A esta hora, el tráfico de la avenida Tacna es un caos. A veces toma cuarenta minutos cruzarla. La música de fondo es una cumbia de Marisol. La luz amarilla, la gente apoltronada, el humo de los micros que se cuela por las rendijas de las ventanas. Afuera, la gente se sigue abalanzando a la hilera de cousters que hacen cola. Esta vez no son los cobradores los que se disputan a los pasajeros.Son los pasajeros los que pelean por un asiento, por un lugarcito en la indignidad.


* Frase que significa que el micro que va adelante tiene tres minutos de retraso y va con dos pasajeros.



De: Semanario, Hildebrandt en sus trece, Año 1, Número 30, Sección INDIGNIDADES, Páginas 18 y 19
Fecha: Viernes 12 de Noviembre del 2010
Texto: Juana Gallegos

Tratado preliminar del culo.

No suelo concordar con el prójimo varón sobre cuál es el mejor culo. Noto un gusto general por el culito escuálido de las modelos flacas. A mí me gustan grandes, hospitalarios, macizos. Me gusta el culo balcón, que sobresale y se autosustenta como un milagro de ingeniería. El culo bien latino, rappero, reggaetón, de doble pompa viva y prodigiosa.
Me salen versos cuando hablo de culos. Quizá porque en los culos hay algo más antiguo y atávico que en las tetas, que en realidad son una intelectualización. Las tetas son renacentistas, pero el culo es primitivo, neanderthaliano. Con su poder de atracción inequívoca, su convergencia invitadora, es un hit prehistórico. Despierta nuestro costado más bestial: el de acoplamiento en cuatro patas. Las tetas son un invento más reciente, son prosaicas. El culo, en cambio, es lírico, musical, cadencioso, indiscernible del meneo de caderas, del ritmo, la batida de la bossa que retrata a la garota que se aleja en Ipanema.
Porque el culo siempre se aleja, siempre se va yendo, invitando a que lo sigan. Se mueve en dirección contraria de las tetas que siempre vienen y por eso suelen ser alarmantes, amenazadoras, casi bélicas. Las tetas confrontan, el culo huye, es elegía de sí mismo, se va yendo como la vida misma y deja tristes a los hombres pensando qué cosa más linda, más llena de gracia aquella morena que viene y que pasa con dulce balance camino del mar.
Las mujeres argentinas tienen orto, las colombianas jopo, las brasileras bunda, las mexicanas bote, las peruanas tarro, las cubanas nevera o fambeco, las chilenas tienen poto. O mejor dicho, las chilenas NO tienen poto, según mis amigos trasandinos que se quejan de esa falta y quedan asombrados cuando viajan por latinoamerica. Yo mismo casi me encadeno a la muralla del Valuarte de San Francisco en el último Festival de Cartagena de Indias para no tener que volver y poder seguir admirando el desfile incesante de cartageneras o barranquilleras cuyos culos altaneros merecían no este breve artículo sino un tratado enciclopédico o un poemario como el Canto General.
De las cosas que hacen las mujeres por su culo, la que más ternura me da es cuando lo acercan a la estufa para calentarlo. No lo pueden evitar. Pasan frente a una chimenea o un radiador y acercan el culo, lo empollan un rato. El culo es la parte más fría de una mujer. Siempre sorprende al tacto esa temperatura, el frescor del cachete en el primer encuentro con la mano.















Durante el abrazo, se puede llegar a los cachetes de dos maneras. Una es desde arriba, si la mujer tiene puesto un pantalón, pero es dificultoso y lo ajustado de la tela impide la maniobra y la palmada vital. La otra forma es desde abajo y eso es lo mejor, cuando se alcanza el culo levantando de a poco el vestido, por los muslos y de pronto se llega a esas órbitas gemelas, esa abundancia a manos llenas.

En ese instante se siente que las manos no fueron hechas para ninguna otra cosa más que palpar esa felicidad, para sentir con todos los músculos del cuerpo la blandagravitación, el peso exacto de la redondez terrestre.
Se suele pensar que, en el sexo, la posición de perrito somete a la mujer. Pero hay que decir que abordar por detrás a una mujer de ancas mpoderosas puede ser todo lo contrario: es como acoplarse a una locomotora, como engancharse en la fuerza de la vida, hay que seguirla, no es fácil, uno queda subordinado a su energía, hay que trabajar, darle mucha bomba, carbón para la máquina. Es uno el que queda sometido a su gran expectativa, absorto, subyugado, vaciándose para siempre en la doble esfera viva de esa mantis religiosa.
Una vez vi un hombre de unos 45 años dando vueltas al parque, corriendo tras su "personal trainer". Lo curioso es que era una personal trainer y las calzas azules de esta profesora de gimnasia evidenciaban que tenía un doctorado en glúteos. Como el burro tras la zanahoria, el hombre corría tras ella sin pensar en nada más que ese seguimiento personal. No me sorprendería que a la media hora hubiera un grupo de corredores trotando detrás, en caravana. La música de los culos es la del flautista de Hamelin. Los hombres, con su legión de ratones, van tras ella hipnotizados.
Las muejeres saben aprovechar sus recursos. Yo trabajé en una empresa en el mismo piso que una argentina narigona (esas narigonas sexys) y con un "tremendo fambeco". Ella sabía que era su mejor ángulo y lo hacía valer, con unos pantalones ajustados que dejaban todo temblando.
Era una de esas oficinas cuadradas, llenas de líneas rectas: el almanaque cuadriculado, la tabla rectangular del escritorio, la ventana, los estantes, las carpetas de archivos, Un lugar irrespirable de no ser por el culo de la arquitecta que a veces pasaba camino a tesorería o a la fotocopiadora, Su culo era lo único redondo en todo este edificio de oficinas. Lo único vivo yo creo. Nunca intenté nada (se decía que tenía un novio) pero en una época yo pensaba escribir una novela con los acoplamientos heroicos que imaginé con ella. Una novela que iba a titular, con un guiño a Greenaway, el culo de una arquitecta.
No escribí ni dos líneas de esa novela, pero sí algunos poemas que ella nunca leyó. Me acuerdo que la veía antes de verla, la intuía en un ritmo particular que tenía el sonido de sus pasos, un peso, un roce de la cara interna de sus muslos de falsa mulata. Cuando aparecía en el rabillo de mi ojo, ya sabía plenamente que se trataba de ella. Y pasaba y todo se detenía un instante, el memo, el mail, la voz en el teléfono, todo se curvaba de pronto, no habían más rectas, todo se ovalaba, se abombaba y el corazón del oficinista medio quedaba bailando. No exagero.
Además era plena crisis del 2002. Todo se derrumbaba, caían los ministros, mlos presidentes, caía la economía, la moneda, la bolsa, caía el gran telón pintado del primer mundo, caía la moral, el ingreso per cápita, todo caía, salvo el culo de la arquitecta que parecía subir y subir, cada vez más vivaracho, más mordible, más esférico, más encabritado en su oscilación por los corredores, pasando en un meneo vanidoso que parecía ir diciendo no, mírame pero no, sígueme pero no, dedícame poemas pero no. Ojalá ella lleguea leer esto algún día y se entere del bien que me hizo durante esos dos años con sólo ser parte de mi día laborable pasando con tanta gracia frente al mono de mi hormona. Y ojalá se entere también que, cuando me echaron, lo único que lamenté fue dejar de verla desfilar por los pasillos respingando el durazno gigante de su culo soñado.

Por: Pedro Mairal, periodista y escritor argentino.
Del semanario: Hildebrandt en sus trece, Viernes 19 de Noviembre del 2010, Año 1 #31 página 24, Sección "Irreverencias".

ERNESTO SÁBATO - El adiós al maestro

Hoy me levanté con desgano..., había bebido la noche anterior en una cíclica, repetible y gemela borrachera de dé jà vú consecutiva, Las notas entremezcladas de la banda 'Dosis' invadía el lugar cuando Frank Turlis (mensajero 'casi siempre' de buenas y esperanzadoras noticias) me dijo mientras cogía entre sus manos delgadas una lata de Cerveza 'Ernesto Sábato murió'. Recordé con espanto aquél libro de Benedetti cuando hablaba del morir ' Morir es el derrumbe, es el abismo, la nada...'

Hoy al sentarme sin concentración pero con ganas, de escribir algo sobre el maestro (así de pretencioso suelo ser) me enteré del asesinato de Bin Laden por manos de las fuerzas americanas y pensé ' Al carajo con Bin Laden y las asquerosas fuerzas americanas, ha muerto Ernesto Sábato y nada merece mayor interés para mí.












Es así que aquí escribiendo estas líneas siento el imperativo deseo de saludar a Ernesto Sábato. La primera vez que lo vi fue en una revista vieja, era una foto desgarradora. Sábato anciano, estaba parado frente a la ventana de su cabaña y su mirada era desoladora, los bosques habían muerto para ese escritor desgarrador, él fue el único que fue capaz de descubrir mis secretos enfermizos, él fue exactamente el desmantelador de misterios encubiertos por mi enrarecida forma de ser, muchas veces colérico y energúmeno. Fue suficiente leer 'El Túnel' para sentir ansias de seguir la obra de tan humano escritor, tanta humildad, Ha de estar con Benedetti escribiendo las mejores hojas que lengua humana haya desarrollado jamás. Adiós Ernesto Sábato, se ha ido un hombre justo, el mundo no lo merecía tanto tiempo maestro.